Generalmente, la manera que usamos para lavar y limpiar nuestro equipo de pinturas, depende del medio que estamos utilizando para trabajar. El pastel, los lápices de color, la acuarela y otros medios en seco, simplemente se limpian con un pedazo de trapo, pero cuando se trata de óleo o acrílico, el asunto se complica algo.
Para empezar, el óleo a través de la Historia del Arte se ha convertido en el medio más formal en la creación de obras pictóricas. De igual manera su composición química ha variado y ya no es sólo un extracto natural de piedras, sino que se le han incluído una serie de químicos contaminantes con la intensión de hacerle más flexible y fácil de manejar.
Gracias a los llamados "movimientos verdes", esto ha comenzado a ser 'revertido', sin la necesidad de complicarnos o de que el producto pierda calidad.
El líquido ideal para mezclar, diluir y limpiar el óleo de los pinceles era hasta hace poco la trementina (o terpentina) así como el gas líquido, y el llamado "thinner" o "rebajador", usado para diluir. Los gases tóxicos que estos líquidos emanan son insufribles y extremadamente dañinos, especialmente al sistema respiratorio, además de que algunos son adictivos y altamente flamables.
Personalmente prefiero trabajar al óleo y he tenido la bendición de encontrar la manera de que los productos que uso sean biodegradables. Aunque existe gran variedad en el mercado, hasta ahora mis favoritos son

Un jabón disponible en varios tamaños que limpia hasta manchas de pintura seca en la ropa, sin dañarla. Además, un líquido súper efectivo:

Para diluir el óleo, mi preferencia es Natural Turpentine, que no es flamable y tiene una consistencia algo aceitosa que protege los pinceles.
También es recomendable el uso de purificadores de aire en las zonas de trabajo.